Escribología

Acucia, te echaba de menos.

De un segundo a otro apareció el apresuro. Algunas veces fugaces, ustedes letras… las he echado de menos.

Bastan 6 cuerdas, cuatro minutos y treinta y ocho segundos, un compás bien marcado, una voz de fondo y una relación de mi subconsciente con aquello que escucho y provoca esa gana insaciable de escribir, sin saber qué decir… satisfacción tan solo de ver cada letra queriendo atrapar un sentimiento o muchos.

Porque incluso extraño verles como para juzgarlas, solo por querer saber si tienen sentido o no, no para señalar sino para motivar. Porque en las letras nos desnudamos, nos confesamos o nos atrapamos en un espacio de tiempo, memoria, tinta, signos, puntos, frases o sin sentidos.

Se me acabó la tonada y repetí. Esas canciones hay que repetirlas porque provocan, la gana de teclear, porque sí. Me veré en el futuro hacia el pasado como algunas veces lo hago, leyendo mis garabatos, algunas veces avergonzado, tal vez porque no entiendo mi propio yo del pasado, sin duda el tiempo habrá pasado y con ello la circunstancia.

Hoy no hay más gana o intención que solo escribir, porque sonaron las notas que no esperaba, porque la gana sobró y remontó sobre el tiempo y otros “quehaceres”. Porque me hizo recordar que no las puedo detener, letras sin sentido que irónicamente están llenas de ímpetu porque frenar no pude. Las dejé salir como otras veces, hoy sin dirección alguna, simplemente salieron a pasear y quisieron convertirse en un recuerdo de Julio.

Nos vemos pronto. Espero. Que me arrebaten las letras más a menudo.

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El mes que sigue

Quiero y escribo…

Quise que en la primera oración de este texto existiera un verbo en tiempo presente para que ni tú ni yo olvidemos que siempre es hoy.

Porque cada hoy me haces falta… quise escribirte en Mayo pero me suena a cliché… de pronto pensé que no podía dejar pasar el mes sin decirte lo que siento por ti. Tal vez porque te me vas en Junio… y concluyo: te extraño en Mayo y te me vas en Junio; que bueno que el 7 jugó a mi favor y para entonces aún te puedo abrazar antes del adiós y el suspiro.

Y es que eres una de las personas que se me cruza entre extrañarles, suspiros y dolores de pecho. No por tristeza o al menos no le quiero llamar así… simplemente no están. Una sonrisa me basta para que mi corazón endurecido aguante una estación más para escucharles o extrañarles menos.

Por un tiempo.

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Catarsis revés

Ahí estaba yo, frente a frente, arrojando saliva con toda la fuerza, como perro en plena contienda, con emoción desembocada, con el corazón hinchado y la memoria exprimida, con el dolor en las manos empuñadas, con las letras frente a mi, borrosas y de mal gusto.

El odio recorría las venas, y el alivio se apropiaba, con rostros ajenos preguntando la raíz de todos los motivos, de esos desconocidos, de esos que se encuentran en donde uno menos pensaba tenerlos guardados.

Sin aire, casi sin voz y las piernas extasiadas, con el brinco pequeño e incesante, con la mirada perdida, con las fuerzas al límite y su escasez en la puerta, con la mente arrebatada, con las lágrimas en la ventana, con el desfallecer latente, lento y sentenciado.

Allí en el momento cuando el tiempo se detiene y toda la vida pasa frente, con tal orgullo, contoneándose, dándose el lujo de estancar los segundos en una eternidad y pintar murales de toda una existencia, acelerando el coraje y crujir de dientes, dando menudo golpe a la amnesia.

Recuerdos entonces, un santiamén hecho un lustro, con el mismo peso de su intervalo, de la nada a un todo, de su inexistencia a la realidad, descubriendo la herida, rasgando telas, rompiendo paradigmas, tumbando barreras y reventando arterias mentales.

Turno del grito desenfrenado, odiandose a si mismo, rompiendo letras, tirando papeles, saltando en el cuadrilátero, dándose a golpes, permutando de veterano a aprendiz, dejando al viejo y adoptando al nuevo…

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Tesis del caos (estúpida colección de letras sin sentido)

El cómo empezar ya no es un caso de importancia… ni mucho menos el cómo terminar. Simple… se acomodó sobre su silla, e investigó un poco sobre el caos y el término tesis… pronto se vio a sí mismo manchando una hoja en blanco con lo mejor o peor que se le ocurriera. Mientras escribe suena entre 5,434 canciones desconocidas un instrumento y la voz de alguien hablar de la libertad; se conjugaron entonces el caos y la libertad dándose golpes uno tras otro.

Se vio en la práctica de sus tesis… enfrentándose a su propia incapacidad de atender los hechos de un espacio y un instante determinado. Acostumbrado a encontrarse frente a frente ante sus miedos de una manera constante, de esos que solo se ven en pesadillas, de esos que duelen en la memoria y en el corazón.

Seguía escribiendo y sentía el dolor de aquella voz que escuchaba acompañada de instrumentos que volvían su habitación, sus cuatro paredes, en una jungla de sentimientos, en una diapositiva de términos, frases, recuerdos y signos. A su lado derecho puede observar aquel edificio que se encuentra cimentado con tal firmeza como aquellos adinerados que no temen el mañana, un complejo de apartamentos tan alto como el tamaño de sus temores, tan tangible como sus lágrimas invisibles.

Y es que no se escribe solo de postales de ensueño, con paraísos que despiertan suspiros; hasta los momentos más dolorosos y cuestionables son dignos de apreciar o despreciar, espacios de tiempo que no se olvidan sino se convierten en una estampilla de esas que nos recuerdan el viaje de esta vida.

Porque no decidir también es una decisión, porque virar donde no hay ruta es construir una vía, porque no todos los caminos son los que esperamos, porque de pronto nos encontramos en un precipicio al borde del ahogo, porque la adversidad es inevitable, los frenos no son suficiente, y el impacto más fuerte que el cinturón.

Hoy lo fue ayer, hoy es hoy, hoy será mañana, y en cualquier hoy llegará ese momento “complejo de la supuesta casualidad en las relaciones entre fenómenos”. Se parece mucho al éxtasis de la esclavitud… y entonces cobra sentido la emancipación de la que hablaba aquella melodía del inicio de este escrito, independencia de ese caos mental del que soy preso en cada hoy y que es librada la batalla de cuando en cuando… que suene la campana.

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Adiós noviembre

¿Y a qué sabe el adiós? Parece que a tantas cosas y tan difícil de comparar… Entre tanto se llega tu fin y yo entre mi locura y arrebato decido decirte adiós… con la pena que ya no me leas mañana porque ya no serás…

Medicina para el alma, cura para los ruidos mentales y aliciente para mis dedos… ¡Oh! regalo tan grande es la música.

Continúo entonces, tratando de escribir, menos con la mente y más con la pasión, porque cansado estoy de buscar la aprobación y la belleza tan trivial… si lo crudo y vivo, latiente y mal oliente suele ser lo más honesto y sincero.

Poco acostumbrados a la verdad y perdidos en la mentira, me veo otra vez en el vicio de pensar… estúpido manojo de masa encefálica que se interpone entre las letras y el corazón.

¿Listo para decir adiós? Con una de esas canciones dignas de hacer vibrar el ambiente haciendo bailar los átomos que me rodean, con movimientos que recuerdan a la señora Cruz y la vida es un carnaval.

Entonces se llega la hora… con la melodía de fondo que toca ese algo que nos pone nostálgicos, que nos hace imaginarnos en un viaje a la playa, con el viento acariciando nuestro rostro, dejándote atrás…

Me subí a la montaña de emociones entonces decidido… si, decidido a guardarte en la memoria, a dejarte en letras… como lo he hecho con las demás… sí, las demás memorias.

Con un sabor a jazz y un poco de trova entonces sigo dejando que te escribas sola… para verte luego tal vez con vergüenza, con orgullo, con alegría o simplemente como otras que he escrito.

No, nunca estaré listo para decir adiós, porque eso no se aprende, se acepta, se decide, porque así son todas las cosas… pasajeras.

Adiós entonces, con tu frío, con tu viento, con tu otoño, con tus libros de la buena memoria, hasta siempre… tú con tus cielos rojizos y nubes de postales al estilo vintage… hasta siempre bello Noviembre.

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Evocación

Tengo un documento en donde se encuentran todas juntas… que en algún momento robaron una memoria, inspiraron una frase, inventaron música en el silencio, abusaron de los sinónimos y tomándose de las manos construyeron una historia sin sentido para el resto de mortales… pero para mí… algunas son mis pesadillas, otras mis amores, otras mis desahogos… otras simplemente son.

Sentimientos escondiéndose detrás de letras, de puntos, de signos… Porque hay sentimientos que jamás serán entendidos, comprendidos… Esclavos del confuso músculo que bombea ese torrente a todo el cuerpo… esa subjetividad de todas las cosas triviales que eventualmente son tan absolutas para quienes la sienten… No sé quién es esclavo de quien o de qué… grande condena la esclavitud del tiempo y el sentimiento… ambos se esfuman, se abrazan y se rompen… se construyen y se destruyen, nacen y mueren… pero el estúpido tiempo jamás se detendrá… veré entonces en el pasado y allí estarán… recordándome el camino recorrido… los errores cometidos… gramaticales, sintácticos y emocionales… mostrándome en una sonrisa tonta cuando las vea nuevamente y me hagan ver a través de símbolos.

Entonces serán recordadas más no revividas, en aquella máquina que guarda memorias y las reproduce con nombres, con sentimientos, con música de fondo, con estaciones… en otoño las más sentimentales… pocas en verano… también despertando olores… animaciones como vívidas en ese instante… pero muertas en el pasado… así serán ustedes escribologias…

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Mente Criminal

“A veces no es necesario adornarlo para que se lea bonito” Me vi enredado entre las telas y lazos, entre los trazos de las letras, queriendo adornar la emoción con términos bonitos. De pronto me encontraba perdido y en medio de aquella cárcel figurativa del estado mental en el que pierdes el control de lo que querías expresar porque todo se ha vuelto tan fugaz y los pensamientos se han vuelto tan pasajeros como las emociones. Con el peso que cae sobre mí de las toneladas de grafemas y signos, de las notas musicales, de las palabras, de la interpretación y poco a poco sentir como se vuelven más pesadas haciendo temblar mis rodillas, doblando mis piernas, llevándome al suelo sujetándolas sobre mi espalda sin poderlas ordenar, recibiendo el sobrepeso de las agujas y el tiempo que pasa y no regresa, viendo pasar a la inspiración y creatividad de la mano, diciéndome adiós con su risa burlona porque ya no están conmigo, porque lo único que me acompaña es la fugacidad jugando al escondite porque cuando creo encontrarla se me va como agua entre las manos. Se acabaron las expresiones bonitas y los sinónimos, tal vez la motivación ha muerto, tal vez se suicidó o murió de hambre, o tal vez murió de sobredosis de silabas que pasaban a velocidad ilegible, como manuscrito de doctor. Quizás ahora solo queda la historia de los dedos que deseaban decir algo que la mente quiso callar, quizás están siendo aprisionados por la mente, en este momento un asesinato se lleva acabo y soy testigo de cómo la mente aprieta la garganta de esos pequeños dedos que solo buscan expresar lo que un tal señor corazón no puede por sí solo.

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Transición

Eso de escribir no se le da a todos, soy uno de esos todos… de vez en cuando el ambiente, la canción, la luz, la hora, el sentimiento, el lugar y elementos como esos se vuelven cómplices para forzarme a tomar la computadora y sentarme a teclear… algunas veces sin sentido… otras veces con locura… otras simplemente tecleo signos que deforman y ofenden a la gramática, lingüística y todas esas ciencias y disciplinas que rigen la expresión… y es que algunas veces le suelto la cadena a aquel ser interno que quiere salir a expresar cuanta sandez se le ocurre.

 

Creo que soy de aquellos tipos que gustan la soledad y la música que entristece. En el silencio escucho mejor mis pensamientos. En la soledad valoro aquello que me acompaña. En la sombra intentar interpretar la calidez de la luz al atravesar la ventana y que llega no solo a una de las paredes que componen esa habitación en la que se fabrican alegrías, tristezas, emociones de todo tipo, llega ese mal llamado rayo de luz que simplemente explica que la sombra necesita de la luz para existir, que el amor necesita del odio para sentir, que la mente necesita escucharse para hablar, que para escribir se debe vivir, que para vivir se debe sufrir, se debe correr hasta jadear de cansancio, se debe sentir el viento acariciar nuestro rostro, se debe crujir los dientes, se debe sentir el latir del corazón en las venas que corren desde nuestro cuello hasta la cabeza, se debe sentir el recorrer de las lágrimas sobre nuestro rostro, se debe escuchar nuestro llanto a viva voz, se debe apreciar la noche, el frío, el calor, el café, los errores, se debe apretar las manos hasta marcar nuestras uñas sobre la piel, se debe llorar sin sentido y sin límite, se debe comer escaso, se debe comer abundante, se debe sentir la acidez de un limón, la dulzura de un algodón de azúcar, el estruendo interno de un jalón del cuero cabelludo, se debe recordar el crujir del jalón de oreja que te dio tu mamá y entonces recorrer desde tu presente hasta el pasado más difícil de recordar y luego regresar en un santiamén a tu asiento pensando que la vida es hermosa y que seguro habrá más en el futuro o simplemente todo terminará al cerrar los ojos… Para escribir no se necesita nada… y se necesita todo… si, todo el valor para reventar la neurona y dejar que el corazón salga del cajón, dejarlo que diga lo que quiere, y que se apodere de esas pinches reglas de escritura intentando decir algo aunque en realidad no quisiera ser entendido, ni leído simplemente aprovechar la única manera de expresarse al mundo exterior que es a través de un papel electrónico, de eso que vemos y no entendemos, inventos que les llaman… perdiendo aquella magia de escribir e imprimir a la vez… del ruido melódico de las teclas de una máquina de escribir… y así me voy divagando entre tanto signo y simplemente dejé que los dedos teclearan… que se pierda todo, menos las ganas de escribir…

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Intervalo

Con la mirada perdida, puesta en el vacío descubrí mis pensamientos. Esclavo de un continuo pensar, adicto a la fantasía, a la irrealidad, al amor de las letras en papel. En ese instante, un segundo hecho una eternidad, ese momento en el que la mente es más real que la taza de café que me acompaña, suelo descubrirme y conocerme un poco más y darme cuenta lo extraño que soy. Añorando la compañía de aquella música independiente, rara, singular, sin presupuesto. El pensar se da sin querer, el tiempo puesto a prueba siempre dominante, imperativo en su capricho de irse y nunca más volver, con él se van las oportunidades perdidas y los pensamientos frustrantes vienen. El cabello se vuelve más tangible que un accesorio humano, cabello entre manos, producto de la desquicies. Tan sencillo pero tan complicado, como resolver un problema matemático. Ese momento se ha ido y con él los pensamientos y actitudes.

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Del caos a la paz

En pláticas surgió la idea que escribir no se planifica, no se obliga… simplemente sucede, simplemente es, así que tomé mis audífonos, café y libros es el nombre del playlist y decidí dejar en libertad el caos… jugando a volar barrilete con los pensamientos, verlos pasear por las nubes y apreciar entonces la belleza del cielo… y el devenir de la paz.

Porque la rabia, el rencor, el odio, el dolor son los ingredientes perfectos del caos; ese terremoto que quebranta la estructura mejor organizada de pensamientos porque la mente simplemente no fue concebida para ser un conjunto de patrones en una serie debidamente conectada, fue concebida bajo la espontaneidad, en un santiamén. Una bomba para aquellos que no le pueden controlar y la mejor herramienta creativa y artística para aquellos que le den libertad y sepan dirigir el hilo que de ella genera las obras nunca imaginadas que se vuelven historia.

Atrapado en el caos, sin salida, con ganas de salir corriendo hasta terminar el aire, hasta desear los pulmones más grandes… sin darme cuenta he caído, veo el pavimento frente a mí y mis rodillas sobre él, la respiración se ha acelerado hasta sentir ese ardor en el pecho y la ausencia del oxígeno, experimentar como las lágrimas abruman la vista y ese dolor intangible se siente más real que la piel que cubre mis huesos… y tomé mis muslos sobre la ropa con tal fuerza que los nudillos de mis manos parecían explotar y di libertad al grito, al sollozo, al lamento, al odio de sí mismo, al desahogo, a la debilidad y al fragmento de tiempo… un segundo eterno en mi vista, estupefacto frente al vacío, frente a la oportunidad de levantarme nuevamente, del caos a la paz, de la debilidad a la renovación… con las rodillas gastadas, el corazón remendado, con la espalda encorvada porque la vida ha pesado, con la sonrisa más grande, preparado para abrazar y transmitir que después del dolor hay cicatrices pero hay tejidos renovados y resistentes… listo para respirar profundo después del grito, preparado para recuperar la cordura después del instante que provocó perder el cabello en un arrebato de locura… listo para dar el siguiente paso, para disfrutar del rayo de sol, de las singulares gotas de lluvia, del murmullo del viento, listo para abrazar y ahogar en calor el frío del invierno, con más ganas de correr  aunque tropiece porque no hay nada después de ello más que levantarme… del caos a la paz…

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