Cuando las noches son lluviosas
y las estrellas se esconden
tras el manto de nubes estratos
observo mi cuerpo
y las encuentro allí, sí
en mis particulares lunares
formando “Las tres Marías”
en mi costilla izquierda
y a “Equuleus”
en mi antebrazo izquierdo.
“Phoenix” en mi brazo derecho
imponiéndose y resurgiendo.
Algunas deben esconderse
en mi espalda.
Supongo mi rostro
debe ser un cielo despejado
con algunos cirros y cúmulos
que reflejan un buen tiempo.
No hablar de mis pies
como tierra firme
floreciendo con su lluvia
y cielo bonito.
Soy cielo,
soy polvo,
soy flor.
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