Escribología

Amor a la antigua💐

Queridos lectores, llegamos al final de este espacio, donde compartimos historias de amor que nos dejan enseñanzas y esperanzas. Esta historia en particular, es de nuestros queridos amigos Nina y Fabián, quienes nos cuentan cómo se conocieron y cómo hasta hoy son padres y abuelos. Su amor sigue intacto, con altas y bajas, pero unidos, eligiéndose uno al otro.

Espero que disfruten nuestra última historia. A continuación, Nina nos relata.

Soy una muchacha de campo que vivía solo encerrada, pero que salió de ahí para venir a trabajar a la capital; a zona 15, a un lugar que le dicen Metro 15. Y ahí estaba yo cuando conocí a Fabián, fue una historia muy bonita. Yo trabajaba con unos italianos en un condominio y él trabajaba en otro condominio poniendo pisos de madera. Y fue ese día, un 10 de junio de 1987 cuando nos conocimos.

En esa ocasión yo iba saliendo a las 5 de la tarde, cuando él iba entrando (después supe que entraba a esa hora a propósito), entonces salí y me fui a la parada de autobús. Ahí estaba yo en la parada, cuando él llegó, nos subimos al bus y él me saludó. Era un muchacho muy guapo y amable, cuando en eso un sillón se desocupó. Él me dijo: “Señorita, siéntese”. Y yo me senté, al poco tiempo se bajó la persona que iba a mi lado y él se sentó conmigo. Durante el camino me preguntó hacia dónde iba, dónde vivía. Para ese momento, vivía con mi hermana mayor.

Ese mismo día me preguntó: ¿Qué hace los domingos? Y yo le respondí que estaba estudiando, yo estaba sacando el segundo básico en un instituto que esta en la 18 calle que se llama Mateo Perroni. Esa conversación fue un día miércoles y al siguiente domingo yo venía bajando las gradas del instituto con mis compañeras cuando vi que estaba parado, ahí enfrente de la puerta. Yo me emocioné, pero a la vez me puse muy nerviosa. Yo no sabía ni qué hacer, porque me gustaba, me caía bien, pero tenía miedo. Y desde ahí empezamos a salir y la relación fue muy bonita.

Para ese entonces, había un lugar que le decían Burgues Shop, estaba en la sexta avenida y casi siempre que me iba a traer, me invitaba a comer ahí. Y así pasaron los años, nos llevamos muy bien y poco a poco él quiso conocer a mi familia. Una de mis hermanas, la mayor, no lo quería ni lo aceptaba. La segunda sí, con ella siempre se llevaron muy bien, con mis sobrinos también.

Pasó el tiempo y al año cuatro meses nos casamos. No teníamos nada, ni él ni yo, porque trabajábamos, prácticamente para el día. En ese entonces no se ganaba mucho. Nos casamos, como dicen fue una boda bien sencilla en Ciudad Vieja, en 1989. Nuestro casamiento fue muy bonito, muy familiar, nos pusieron marimba. A los dos meses nos mudamos a una covachita. Ahí, mi esposo consiguió trabajo. Yo no trabajé por seis años, luego él quedó sin trabajo y yo me vi en la necesidad de trabajar.

Ya teníamos a nuestros dos hijos. Y como todo matrimonio, teníamos nuestras bajas y altas, pero siempre hubo mucha comprensión, mucha confianza, mucha comunicación. Esa es la base del amor, la confianza, la comunicación y el respeto. Cuando había algo que a él no le gustaba y llamaba la atención, yo siempre respeté su palabra, si había sido mi responsabilidad, le explicaba cuando estaba más tranquilo y si la responsabilidad había sido de él, igualmente, le explicaba cuando el ambiente estaba más en calma.

Nunca nos hemos peleado a tal punto de separarnos, siempre hemos sabido que la base del matrimonio es la confianza, la comunicación y el diálogo. Hoy en día, tenemos nuestra casita, ya somos jubilados y vivimos de lo que trabajamos en muchos años. No es mucho, pero gracias a Dios llevamos una vida modesta. Mis hijos ya se casaron y tenemos varios nietos. Hasta hoy, nuestro amor sigue vivo, tenemos una vida tranquila y cada día nos entendemos más. Ahora él me cuida y yo a él. Las enfermedades nos han afectado un poco, pero aquí estamos. Nuestra familia siempre nos inculcó que Dios siempre era primero, en cada decisión, en cada proyecto. Y gracias a ello, hemos estado bien. Nuestros hijos están bien con sus hijos, con su familia, mientras nosotros nos seguimos acompañando uno al otro.
Ahora, solo son ellos dos; como cuando se conocieron. Y como bien dijeron, hasta el día de hoy, su amor sigue vivo.

A nuestros queridos amigos les dedicamos las siguientes líneas:

Que la vejez sea nuestra etapa más dulce y gratificante,
donde la complicidad y el respeto sean nuestro abrigo.
Uniendo nuestros cuerpos con la fuerza de un legado,
una historia de amor que ha resistido el paso del tiempo, amigo.
En cada arruga y cada cana, se encuentra la belleza, la unión de dos almas que han sabido amar en plenitud.
-Elisain Maldonado

Fotografía tomada de internet

A petición de nuestros amigos, sus nombres son ficticios en esta historia.

¡Gracias por llegar hasta aquí, querido lector! ❤️


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