A los que hemos amado, esto es para nosotros. Querido lector, qué valioso es tener un corazón humilde que sabe reconocer dónde es amado y dónde es libre de amar. Qué valioso es luchar por lo que queremos y amamos, por lo que seguimos deseando y cuidando.
En esta ocasión, permitiré que nuestro propio amigo, Gustavo, nos relate su historia de amor con Diana. Amigos que nos recuerdan que con el transitar del tiempo, es nuestra decisión, como pareja, ser uno ante la vida. Enfrentando juntos, la singularidad de sus momentos de calma y ferocidad.
Corría el año 2004, estábamos separados desde hace ya un par de meses. Diana estudiaba Diseño Gráfico y yo Ingeniería, por aquel entonces ambos en la Tricentenaria USAC. Estábamos en jornadas diferentes y tenía días sin verla, pero ella necesitaba una calculadora para hacer un examen y yo la tenía, así que quedamos en vernos para darle el aparato, justamente en esa época yo estaba enfermo de gripe y me sentía muy débil, por lo que ella llegó a mi casa. El saludo fue escueto y ofrecí acompañarla a la parada de bus.
Salimos caminando como lo que éramos, dos buenos amigos, platicando de su examen, de mi enfermedad, y de lo que nos esperábamos en el grupo juvenil al cual pertenecíamos. De pronto, se acabó el trayecto y tuve que verla partir, sentí mucha tristeza por la separación y algo dentro de mí cambió en ese momento. Según yo, sin que ella se diera cuenta, mientras ella se alejaba en el bus me lleve la mano derecha al corazón (nuestro código para decir te amo a la distancia), luego me enteré para mi sorpresa que ella me vio hacerlo.
En ese momento hice mía la canción de la banda Bacilos “Tabaco y Chanel”, la parte que dice: “… Me preguntan también las estrellas
Me reclaman qué vuelva por ella
Ay, que vuelva por ella
Ay, que vuelva por ella…”
Ella al ver mi gesto, también sintió que era posible volver, ese fin de semana nos vimos de nuevo en el grupo juvenil, yo tenía muchas ganas de verla y creo que ella también quería verme. Volvimos a ser más cercanos aún, a preguntarnos qué nos había pasado y sin darle tantas vueltas al asunto decidimos darnos una nueva oportunidad. Hoy, aproximadamente 22 años después tenemos dos hijos maravillosos que nos llenan tanto de orgullo como de preocupaciones.
El caminar de la mano, a veces se torna difícil, se replantea uno las cosas, pero pienso que la gana de elegirnos de nuevo cada vez que se encuentran adversidades es el verdadero éxito para una relación. Las cosas no siempre son de color de rosa, pero he de reconocer que Dios nunca nos ha dejado, aunque nosotros sí nos apartamos por etapas. La paz que se respira en nuestro hogar es algo que no cambiaría por cualquier otra cosa, tenemos por consigna decir y saber que SOMOS UNO, tenemos por prioridad el bienestar de nuestros hijos y de ir cumpliendo de a poco nuestros sueños.
A día de hoy puedo decir que, aunque físicamente no somos los mismos de cuando nos conocimos, me sigue encantando su cabello y amo su sonrisa, por lo mismo lucho por hacerla reír cada vez que se puede. Sé que soy muy afortunado por tenerla en mi vida y aún más porque ella eligiera caminar conmigo y por eso siempre estaré agradecido con la vida.
A nuestros queridos amigos, Diana y Gustavo, les dedicamos las siguientes líneas:
Podrá nublarse el sol eternamente;
podrá secarse en un instante el mar;
podrá romperse el eje de la tierra
como un débil cristal.
¡Todo sucederá! Podrá la muerte
cubrirme con su fúnebre crespón;
pero jamás en mí podrá apagarse
la llama de tu amor.
-Gustavo Adolfo Bécquer
Y quienes nos invitan a escuchar la siguiente canción, que nos hará recordar su historia:
https://www.youtube.com/watch?v=6JqnbsQpljU&list=RD6JqnbsQpljU&start_radio=1

Fotografía por Diana y Gustavo
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