Querido lector, hay encuentros que no planeamos y conexiones inesperadas que nos cambian la vida.
Esta es la historia de nuestros amigos, Alejandra y Alfredo, quienes descubrieron que la paciencia y un corazón selectivo nos acerca al verdadero amor.
Después de una etapa algo caótica y tras dos años de pausa, Alejandra decidió retomar sus estudios universitarios. El primer día de clases —que también marcaba el regreso para una de sus mejores amigas—, ambas bromeaban por WhatsApp sobre la posibilidad de encontrar a un novio en la facultad. Para su sorpresa, no pasó mucho tiempo antes de que un chico captara su atención —Alfredo —mientras organizaban los equipos de trabajo.
Ese día, durante el primer receso, Alejandra le confesó a su amiga que un chico le había llamado la atención. Le atraía su forma de ser; un tanto serio, pero con una apariencia de gran responsabilidad, que tiempo después confirmó.
Con el paso de los días, Alejandra y Alfredo comenzaron a compartir más, gracias a las tareas y proyectos de la universidad, aun con tanto para hacer, buscaban momentos para conversar sobre sus gustos y pasatiempos. Cuando de pronto, llegó la pandemia, las clases ahora eran virtuales, y aunque parecía ser un obstáculo para acercarse, se convirtió en puente. Durante los minutos libres, se enviaban mensajes y bromas que los unía más. Irónicamente, mientras el mundo se distanciaba físicamente, la virtualidad fortalecía su vínculo. Disfrutaban de ver series en línea, llamarse y comunicarse todo el tiempo. Aunque ninguno se atrevía a confesar lo que sentía, disfrutaban profundamente de la compañía del otro.
Ambos venían de situaciones complicadas, pero poco a poco se convirtieron en un gran equipo; siendo amigos, confidentes y hasta “terapeutas” el uno del otro. Finalmente, Alfredo se armó de valor e invitó a Alejandra a desayunar un domingo. Para entonces, ya se permitía asistir a restaurantes bajo los protocolos de seguridad por COVID-19.
Alejandra solía preferir llegar por su cuenta, pero esa vez se dio la oportunidad que él pasara por ella. Alfredo estaba muy nervioso: llevaba poco tiempo manejando y la distancia era larga. Aún así, decidió vencer su miedo solo por verla.
Aquel desayuno se convirtió en almuerzo, merienda y por la tarde, en el disfrute de un heladito. Fue su primer día completo juntos, uno de los días más felices y tranquilos para ella. Ese día, ambos se compartieron regalitos puntuales de conversaciones pasadas, ambos se demostraron que sabían escuchar de verdad.
Para noviembre de ese mismo año, Alfredo, bajo la excusa del cumpleaños de Alejandra, la sorprendió con su comida favorita. Una vez más, el tiempo pasó tan rápido que terminaron con un café entre sus manos. Fue al final de esa cita cuando el aire pareció detenerse y se entregaron su primer beso, sellando una promesa que empezaban a entender.
Llegó diciembre y lo que dictaba el corazón se hizo oficial: el noviazgo floreció. Había una seguridad tan plena que eran el uno para el otro, que para finales de ese mes se presentaron ante sus familias como novios oficiales.
En enero, para ambos, el resultado de pruebas a COVID-19 dio positivo. Decidieron enfrentar la incertidumbre juntos, compartiendo quince días de aislamiento, lo cual se convirtió en el primer ensayo de su vida compartida. A pesar de la enfermedad, las responsabilidades se sintieron livianas y la convivencia natural. Fue entonces cuando comprendieron que el hogar no era un lugar, sino ellos mismos.
Meses después tomaron la decisión de vivir juntos; ya no tendrían que despedirse al final del día. Había entre ellos una conexión fuerte y sólida, una sensación de conocerse de vidas pasadas. Para algunos, nuestros amigos tomaron decisiones apresuradas, pero ellos, sencillamente, sabían que dejaban de huir de lo inevitable. Alejandra no creía en las almas gemelas, hasta que encontró a Alfredo.
En marzo de 2022, en un ambiente íntimo y cálido, se prometieron una vida entera. Su boda fue el preludio de un sueño cumplido: viajar a Costa Rica para vibrar al ritmo de su banda favorita, Coldplay. Bajo las luces de aquel concierto entendieron que su propia melodía apenas comenzaba.
Hoy, sus vidas como esposos es un lienzo de alegría y apoyo mutuo. Su pequeña familia de tres; ella, él y su fiel compañero de cuatro patas; son el refugio más sagrado. Las remembranzas florecen desde hace siete años cuando se conocieron, seis años de noviazgo, y tres años de matrimonio.
Para nuestros amigos, este no es un final, sino el prólogo de una bella historia, un libro en blanco por llenar de aventuras, amistad y felicidad de haberse encontrado.
A nuestros amigos les dedicamos las siguientes líneas:
Me siento agradecido,
por coincidir en esta vida caótica y vulnerable.
Porque mis líneas se cruzaron con las tuyas,
porque en Su plan estaba conocernos.
Somos una armonía inquebrantable.
Una mañana gloriosa.
Un domingo tranquilo y un lunes bonito.
Somos la canción perfecta.
-Crocus
Y nos invitan a escuchar la siguiente canción, esa que nos recordará su historia:
My Universe – Coldplay X BTS
https://www.youtube.com/watch?v=bZYPI4mYwhw&list=RDbZYPI4mYwhw&start_radio=1
¡Hasta la próxima historia, querido lector!

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