Es aprender a quedarse
cuando todo dentro quiere huir.
Es guardar el nombre de alguien
en el lugar exacto
donde nacen los silencios,
y llamarlo hogar
aunque no vuelva.
He amado así:
con la piel abierta,
con la fe temblando,
con el corazón insistiendo
en creer que sentir
también es una forma de valentía.
Porque no todo amor se grita,
algunos se escriben despacio,
como quien deja migas de luz
para no perderse
en su propia sombra.
Y, aun así,
si doliera otra vez,
si el recuerdo regresara
con su voz suave y peligrosa,
volvería a amar igual:
sin armadura,
sin promesas eternas,
pero con la certeza
de que fui verdad
mientras sentí.

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