Qué irónico es todo.
Ayer reíamos sin medida, compartíamos miradas llenas de vida, y el mundo parecía tan simple, tan eterno. Había unión, complicidad, felicidad… todo era tan cálido, tan nuestro.
Pero hoy… hoy todo cambió.
El silencio se volvió insoportable, los recuerdos duelen, y la ausencia pesa más que cualquier palabra. Qué irónico —ayer la vida sonreía, hoy solo queda un vacío que no sé cómo llenar.
Nunca imaginé que un día podría doler tanto mirar atrás. Que una conversación pendiente, una risa no dicha, o un abrazo que no llegó, pudieran pesar de esta manera.
La vida, tan frágil, tan impredecible, se llevó un pedazo de mí contigo.
Y hoy, la ausencia duele. Duele en cada rincón donde antes estabas, en cada pensamiento que me recuerda lo que fue.
Pero aunque el tiempo pase, aunque la distancia se vuelva infinita…
siempre te tendré en mi mente y en mi corazón.
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