Huesos tiernos,
pies suaves,
tierra áspera de lava volcánica.
Suelo de piedras rotas,
paredes de adobe:
polvoriento y frágil como galleta.
Reino del silencio,
consume hasta la última idea,
una gota tras otra gota.
Idea que nace,
muere desolada,
entre alambre de púas,
entre excremento de vaca.
A la luz de la vela,
las lágrimas se evaporan,
las miradas se encuentran,
y a la vez se esquivan.
Los ríos se secan,
se edifican castillos y colonias
sobre un cementerio de lágrimas e ideas,
entre huesos rotos y sangre seca.
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