Escribología

Del silencio que te conté

Entre las tantas cosas que he hecho por mí, 

tú eres lo más bonito.

Me he acostumbrado a retener tu mano con impericia,

como quien sugiere de su asesino, una caricia. 

Ahora parece que de cicatrices se han llenado mis manos,

por cada espina que en tus rosas he encontrado.

No puedo ni debo obviarte, la sencilla idea de hacerlo 

me resulta insultante, tanto como un voto de silencio.

Te me haces irresistible, como si bailaras al son de la primavera.

Como si tu risa fuera inmarcesible,

como si mis ganas no se perdieran en el ¨hubiera¨.

La existencia tuya me es entonces asequible,

y te leo y te escribo, 

como un verso vasco en euskera. 


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