Renacida con la dignidad de una virgen
Ramera y embustera, ahora una reina.
Con las ventanas abiertas, el sol consume su oscuridad,
y el viento se lleva el polvo viejo.
No hay espacio para la pudrición,
Para decadencia o autodestrucción,
más esto deshila su tejido,
Es el exterminio de su oscuridad.
Cloro, vinagre, detergente y agua,
recoge sus pedazos en cada habitación.
Ahora, tan distante la idea de su existencia,
intocable…no abrazable…
No hay misterio que desenvolver.
Revólver del bien, pilar de la paz mundial.
Es un monumento a una mártir,
Es adorada, es intachable,
No te atreves a tocarla,
pero basta con un namasté,
Que no roce su pintura vieja,
y manche su pureza.
Descubre más desde Escribologia
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.