Hay recuerdos que duelen, pero también están esos que nos acarician el alma, que al evocarlos nos dejan con una sonrisa en los labios y el corazón un poco más liviano. Hoy es uno de esos días en los que pienso en ti, en lo que fuimos, en lo que dejamos de ser, y me doy cuenta de que, en el fondo, hay algo que nunca cambió: las ganas de un abrazo tuyo.
El tiempo ha pasado, y las páginas de nuestra historia se escribieron con los versos de un amor que fue y ya no es. Me sorprende darme cuenta que realmente añoro algo tan simple, como sentir tu abrazo, uno de esos abrazos que lo decían todo sin necesidad de hablar, cuando tu pecho era refugio y tus brazos, la cura para los días difíciles.
Un abrazo más y ya, no pido más. No para quedarnos, ni para intentarlo otra vez, solo para recordarnos cómo se sentía estar completos, aunque fuera por un segundo.
Descubre más desde Escribologia
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.