En la cima de una montaña yace,
incrustada en roca negra, dura,
embelesada por su altura
y la belleza de su repose
testaruda, su belleza luce
y aunque siempre es ruda,
desnuda y elegante es su pose,
como flor carnívora se abastece,
y agradece, con dulce voz su locura,
es ternura, es pasión fehaciente,
a la vez cura, es vil y es eficiente
¿Pero hay victorias en la cima solitaria?
No hay indigente, ni insecto pensante,
adelante, debajo, detrás o arriba,
¿Quién me dijo a mi que yo existía,
Y aún asi trató de enterrarme?
Es venganza a luna viva,
carne grasienta que alimenta,
después de todo crece y se regocija
pero con una pizca de pimienta.
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