No puedo confirmar
la teoría de que al momento de morir
vemos pasar nuestra vida
como si de una película se tratara.
Pero es un hecho
que al momento de ver partir a alguien
hay una constante proyección en la mente
de momentos que parecieran una vida entera.
En ella se funden emociones
y experiencias vividas con ese alguien
el maldito duelo te recuerda a cada instante
lo que fue inevitable.
En mi vida había sentido el luto,
si alguien se atreve a decir que el luto no es una emoción,
que me explique cómo es que duele tanto
y al mismo tiempo duele bonito.
Duele tanto porque algo en tu vida
que te llenaba de alegría
ya no está más.
Y duele bonito
porque por un tiempo indefinido
vienen a tu mente recuerdos tan hermosos que viviste.
En mi hay un constante miedo,
miedo a olvidar como la mayoría de las cosas
y me niego, me niego a olvidarla,
no quiero no poder recordar,
sus pequeñas patitas, su carita,
el cómo corría por todos lados
y los momentos en los que se dejaba acariciar.
Quiero que regrese, nada me haría más feliz,
tengo rabia, tengo miedo, tengo tristeza.
Duele todo, duele la ausencia,
duele incluso la alegría,
como si no debiera ser feliz de nuevo.
El amor tiene consecuencias
y esta es la que debo pagar.
Llevaré tatuado su recuerdo
y la veré en la luna,
en la lluvia, sobre la mesa o el sillón,
acechando a todos para llevarse la tristeza
tal y como lo hizo en vida.
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