He estado pensando en la metáfora de la «mudanza»
cuando me dijiste que sentías que te estabas mudando.
A pesar de eso, quise ocupar tu corazón
y me hiciste sentir como si me habías abierto la puerta
para descansar en tu sillón mientras empacabas tus cosas
y a veces, tomar una siesta en tu cama, junto a ti.
Pero no te mudaste y me di cuenta
que solo me abriste la ventana de tu puerta
para platicar y descubrir si podías hacerme pasar,
porque tu casa ya estaba habitada y no estabas solo.
Su sombra estaba en todas partes
y tu estabas esperando a que apareciera.
Cerraste la puerta, toqué un par de veces más.
Me rendí, no olvidé tu dirección,
pero no paso más por tu cuadra.
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