Casi nunca se les llora a las personas, se lloran los momentos no vividos, las palabras no dichas y todas aquellas cosas que hicimos sin reciprocidad.
Y no, querer que sea mutuo no es sinónimo de egoísmo o de la búsqueda de un amor interesado; solo que a veces nos hace vulnerables.
Vulnerables a nosotros, a lo que sentimos, a lo que nos hacen sentir, nos hace vulnerables por elección.
Amar debería ser sencillo, con sus momentos complicados y difíciles, con las pruebas escalonadas, pero no al décimo piso. El amor debe ser una mezcla de decisión e impulso, pero nunca forzado.
Es que nos debería enseñar a pedir perdón y saber cómo recibir el perdón del otro.
Pero te digo esto, porque aunque hoy llore y quizá lo haga mañana y durante los siguientes incontables días, sé que llegué a sentir más de lo que mi boca sabe contar.
Y que aunque sienta que te lloro a ti, no, no es así. Hoy lloro por las palabras que me quedé esperando escuchar, por los besos que pedí y aún así no recibí y por las veces que me quedé prendida al teléfono esperando una llamada o mensaje tuyo.
Pero no te lloro, no a ti; lloro porque fui incapaz de elegirme.