No viste que su mirada se apagó esa noche
y ella, sin avisar, volvió a su eterna compañera,
la soledad
porque ella
era la única que siempre había sido consuelo
y calma,
la única que siempre abrió sus brazos para amarla
la única que no juzgó su pasado
y la dejó vivir con sus ansias y sus prisas
Borraste su emoción con tus palabras,
no pretendías herir
y rompiste su alma,
y huíste, al notar, que se había entregado a ti
pensabas que las cosas que toman tiempo son las mejores
no entendías que el camino se hace andando
y no sentándose a la vera
no entendiste que para ella el amor era aquí,
ahora
que en la vida, no hay tiempo para después
y así apagaste la llama
que en su pecho ardía por ti
y así apagaste sus ganas
de soñar con vivir contigo
un amor sin fin
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