Hemos pasado tanto tiempo aligerando los segundos que se nos ha olvidado vivir; sí, quizá ya lo has escuchado antes. Pero duele, duele despertarse un día y darte cuenta que hubo muchas cosas que no valoraste.
Por ejemplo, el último abrazo del abuelo antes de ser internado en un hospital y sin saber que saldría de ahí sin volver a despertar.
O aquella vez en la puerta del aeropuerto en la que te despediste de tu primer amor, creyendo que volverías a verle y no fue así, nunca pasó.
Ese momento, cuando pudiste haber dicho que NO, y sin embargo, te dejaste ir.
¡Qué difícil ha sido volverse adult@!
Que dicen que todo lo bueno ha sido antes pero que lo mejor está por venir… a veces lo dudo, a veces lo creo.
Pero por tan solo un día o un instante, quisiera volver a esas risas, a esos juegos, a esos momentos que hoy son solo un recuerdo borroso y que apenas se refleja en mi mente. Regresar justo al pasaje de la vida al que quisiéramos mejorar o cambiar algo.
Pero no, nos apresuramos demasiado, porque estamos acostubrad@s a vivir la vida sin vivirla y pasar el tiempo sin detenernos en lo que vale la pena.
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