Te doy una línea cargada de miradas que atacan tu tranquilidad, saborean tus labios, acarician tu cuello y me llevan a la perpetúa, apasionada y deliciosa realidad de esta guerra armada de gemidos y tú cintura que al final decae cual mirada en mi pecho.
Tu paz respirada.
<iiz>
Descubre más desde Escribologia
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.