Ella ofreció como muestra de agradecimiento una flor, ese olor se esparcía por todo el salón,
entró y gritó su nombre, parecía que no existiese nadie con ese nombre,
caminó frente a ella… suspiró profundo, le hacía falta aire,
ella tomó la flor, agradeció el gesto y se fue…
ella sintió como el aire dejó de llegar a sus pulmones y todas sus ilusiones murieron lentamente.
Es normal que nos pase eso cuando andamos por allí, intentado encontrar quién nos repare las piezas rotas, ¡tan difícil es arreglarlas primero!.
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