Mi mirada seguía distante de la suya, mis manos estaban lejos de su rostro y mis labios trataban de perderse entre otros.
A pesar de todo eso, sus palabras eran como la Biblia para mis oídos, seguía creyendo que cada una de las letras que antes habían pronunciado eran honestas, y que sus faltas desaparecerían con el tiempo.
Me ha perdido entre la cordura y la demencia, entre aquello que debería sentir y lo que realmente estoy sintiendo.
Me sentía rota, me veía rota… me había roto; sin embargo, sabía que debía tomar todos esos pedazos y guardarlos para mí.
No me pidió perdón y aunque lo busque inalcanzablemente, era más valioso aliviar mi pena y cargarla el tiempo y con el peso necesario.
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