El dolor enmudece, y me ve a los ojos, y se hace pequeño, y se va. Por amarte la locura es la medicina, la paz, es la cura.
Por amarte no tengo tiempo de partida, no sé cuándo llegué, ni me importa el final. Por amarte sé que mi existir es eterno, como el aire que a veces me despeina, lo que tú necesitas, el fuego que siempre provocas, el agua que da vida, y la tierra en dónde me siento y ensucio porque me gusta, una vez más yo en todas ellas.
Por amarte aprendí a destruir lo que no debe ser construido, y a quejarme cada vez menos.
A que en mi es el destino, el final, dónde termina la maldición.
A que las hojas de los arboles no caen, ellas se tiran para hacer alfombra a mis pies.
Qué el miedo no paraliza, sino invita a correr para estar lejos de el y cerca de ti.
Aprendí que mi cielo puede estar aquí conmigo, pedacito de cielo en medio del torbellino infernal.
Por amarte he venido, por Amarte estoy aquí, por Amarte he aprendido el arte del desprendimiento.
Por amarte es que sueño y vivo, razono y me gana el sentimiento. Que cada oportunidad de morir fue victoriosamente fallida. Que cada suspiro es un abrazo en el alma, que cada sonrisa es una cosquilla que solo tu voz puede hacer, y de nuevo vuelo con alas tuyas, vuelvo a nacer, a ser. En ti. Por ti. Para ti.
Por amarte eso y mucho más yo aprendí.
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