Paso día y noche escribiendo cosas tontas en una absurda libreta, imaginando miles de escenarios a tu lado.
Mi universo se encierra en cuatro paredes con una tenue luz, un bolígrafo mordido por la decepción y cientos de cartas sin entregar y aún sin destino.
Pensar, pensarte, pensar en no pensarte; desubicarme, encontrarme y volver a perderme.
¿Qué hago aquí? Me pregunto.
Dejo de vivir por un instante y viajo al origen de nuestro mundo de dos, sin esperarlo, la realidad pega fuerte y sin avisar y en un soplido de mil huracanes… regreso a esas cuatro paredes.
No es tan malo estar solo, lo malo es no querer estarlo… Pero nadie me obligó a quererte, nadie te obliga a que me quieras. Pero por si me necesitas, ya sabes donde encontrarme, en medio de las cuatro paredes de un destino inconcluso.
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