Lúgubres cenizas del pasado…
recorren mi esfínter, mi columna y mis bronquios…
soles escondidos,
estropajos silenciosos,
de ángeles caídos,
y demonios precursores…
Noches de deambulo…
paraísos rotos…
por malditos corazones…
cerebros entusiastas…
de vicios definidos…
De tanto tocar el arpa…
al ritmo de la melodía…
metrónomo desalineado…
como el tiempo desajustado…
Helenocentrismo impregnado…
con fálicos dioses…
contraste de saberes…
filtrados con embudo…
Choque de intenciones…
lágrimas y sonrisas…
acciones deplorables…
lástima, olvido y dolor…
Aunque con el ritmo adecuado,
algún día, no se iba a terminar:
el 13 en muchas culturas…
es el número de la desventura.
Descubre más desde Escribologia
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.