Nosotros no creíamos en la suerte ni el destino pero…
estábamos ahí apostándole al amor
en un juego donde pocas veces había un vencedor
uno frente al otro, prometiendo que nada iba a cambiar
entonces sucedió…
nuestros labios se tocaron por primera vez
nuestros corazones latían al mismo ritmo
sujetábamos fuertemente nuestras manos
y de pronto…
estábamos ahí jurando amor incondicional.
Descubre más desde Escribologia
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.