Con la mirada perdida, puesta en el vacío descubrí mis pensamientos. Esclavo de un continuo pensar, adicto a la fantasía, a la irrealidad, al amor de las letras en papel. En ese instante, un segundo hecho una eternidad, ese momento en el que la mente es más real que la taza de café que me acompaña, suelo descubrirme y conocerme un poco más y darme cuenta lo extraño que soy. Añorando la compañía de aquella música independiente, rara, singular, sin presupuesto. El pensar se da sin querer, el tiempo puesto a prueba siempre dominante, imperativo en su capricho de irse y nunca más volver, con él se van las oportunidades perdidas y los pensamientos frustrantes vienen. El cabello se vuelve más tangible que un accesorio humano, cabello entre manos, producto de la desquicies. Tan sencillo pero tan complicado, como resolver un problema matemático. Ese momento se ha ido y con él los pensamientos y actitudes.
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