Nunca imaginé cuan dulce sería ser madre. Sentir el poder de Dios en mi vientre, sentir el cambio en mi cuerpo, preparándome para la siguiente etapa de la vida.
Nadie te enseña a ser mamá, tu misma vas aprendiendo. Aprendes a tener paciencia, porque ahora debes enseñar y quizás te equivoques, puede que te des cuenta en el momento o quizás años después.
El tiempo pasa y tu bebé crece, tú eres el todo para aquel niño. El tiempo ha cambiado a tu bebé, ahora tiene amigos y amigas, llega la adolescencia, aún te necesita pero ya no eres su todo… a veces incluso se molesta que le quieras acompañar y ahora casi no habla contigo.
Aquel niño cumple dieciocho años, el bebé que un día sentiste en tu vientre ahora es un adulto, aquel a quien enseñaste a comer, a caminar, que necesitaba tu mano en su andar; las cosas han cambiado, él cree que todo lo sabe y su madre es anticuada.
Lo maravilloso de ser madre es que siempre le amarás, porque siempre será tu hijo o hija. Aunque un día se vaya de casa porque encontró el amor.
Por eso disfruta la maternidad, ten paciencia con tus hijos y enséñales con amor, pronto crecerán y tú también.
-JH
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