Escribología

Calle Melancolía

«Vivo en el número 7, Calle Melancolía. Quiero mudarme hace años al barrio de «La Alegría» pero siempre que lo intento ha salido ya el tranvía… en la escalera me siento a silbar mi melodía» – J. Sabina

Vivir en Calle Melancolía a veces puede resultar no tan mal, sino… necesario. Porque cuando las memorias empiezan a hacerse presentes y se hacen dueñas del tiempo, vives más a flor de piel y es necesario sentir la vida tal y como es, es necesario volverte presuntuosa de las sensaciones y entonces dejar de ser presa de ellas, te liberas… te liberas cual niño busca caminar descalzo… yo camino descalza dejando mis huellas en los asfaltos… para encontrarme cuando me pierda porque perderse también es necesario.

En mi estadía por Calle Melancolía paso los días buscándome y encontrándote de a ratos; amando mi figura materna, amando mis momentos, amando cada vez mi forma de amar y de ninguna manera amándote a vos.

Si es preciso decir, mi soledad y yo no te extrañamos porque, al fin y al cabo este es un encuentro de esos imperdibles, de esos que ya esperaba, de esos encuentros que ya necesitaba.

Y es que, vivir en Calle Melancolía significa que mis días empiecen a las tres de la mañana y saber que lo que quiero decir y expresar solo lo puedo plasmar en letras porque no hay alguien que las escuche pero no es tan mal, porque termino sintiéndome bien pues al final lo único que necesito es solo decirlas y si me armo en valor… escribirlas.

En mi recorrido he decido tener los pies descalzos para que sean libres de un “para siempre”, las manos sueltas sin restricciones, el corazón desnudo sin fantasmas ni sombras… y el cuerpo libre, libre y sin imperativos de prohibición, en fin, eso pasa cuando vives en Calle Melancolía y te acompaña esta indomable fiera a la cual no le permitiré que me domine… Ahora sabes en dónde estoy, pero es mejor que no me busques.


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