Escribología

Trayectoria de un suspiro. Incertidumbre de un adiós. Segunda Parte

Narración dolorosa.

No encerrado, sino más bien ausente en un laberinto de gradas, pasadizos… con unas paredes de un celeste amargo. Unas luces que irritaban con su titileo, en el que el zumbido de un zancudo retumbaba por doquier. Las palabras se las lleva el viento, el mejor cobijo es una pared gélida… ausente.

Silencios incomodos, conversaciones que no quise escuchar. El tenebroso sonido de las máquinas que dan vida o mantienen con vida y en funcionamiento este edificio. ¿Cuánto más tardaran las máquinas? ¿Cuánto más se dará vida artificial?

Los rostros transmitían tantas emociones, tantas actitudes. Cada quién en un apartado, cada quién pasando el momento como mejor puede. Yo sigo aquí escribiendo, atento… esperando… ausente.

Nos aferramos a la vida, a la supervivencia, al deseo de seguir. Persiste la esperanza, quizás de las más mínimas y de las peores y más angustiantes, pero al final es esperanza. Hay una toma de decisión entre aferrarnos a una mínima esperanza y en,  esperar la voluntad de Dios.

El adiós es tan doloroso, sabemos que lo que ocurrirá es inevitable y solo es cuestión de esperar. Alojada en una pequeña habitación aislada de las demás convalecientes, estaba ella; mi dulce y amada mama Toya. El tiempo que nos tomó en llegar parecía eterno, no podíamos creer que nos encontráramos en esa situación. Finalmente ingreso a la habitación, la veo y la impresión es demasiado fuerte; siento que mi corazón se desgarra cuando veo su rostro, mi alma se parte en mil pedazos al agarrar su mano y no percibir respuesta alguna. No solo es el peor trago amargo que he vivido, sino también el más impactante, el más doloroso y angustiante; todos estábamos devastados.

Conforme pasaba el tiempo, el dolor y sufrimiento aumentaba; simplemente era una situación que no se le desea a nadie, una situación que nadie merece vivir. Cada llanto, cada palabra de despedida, cada lagrima, parecían ser metros de distancia que la alejaban de esta vida.  Una noche tortuosa, angustiante y agotadora; solo Dios sabría el destino al día siguiente.

En algún lugar del tercer piso de un nosocomio público y abandonado por las autoridades a las 10:25 pm de un 11 de febrero de 2015.


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